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EL SAUCE DE MI CASA

A: Marielita y su amor por los sauces


En el solar de mi casa

está sembrado un sauce grande

que no olvida su rostro de selva.

Sus hojas delgadas de verde-limón-tierno

cubiertas de rocío

son en suma el peso asumido

de sus lágrimas a cuestas.

Entre las cunas de su tronco

guarda el agua de la lluvia

como si presintiera su próxima sed.

Entre las cunas de su tronco

guarda  los animales  que rezagados

por la estampida

luchan  contra el viento.

Ese sauce grande, tan imperfecto

me da sabor a pasado,

su palabra en silencio

es la voz de mi libreta de nostalgias.

Sobre su retorcido tronco

recuesto mis penas y mis esperanzas.

Ese sauce grande, tan imperfecto,

tan antiguo,

me guarda dentro de su corazón

cuando  me ve como un animal asustado.

VENGO DEL OLVIDO

Vengo del olvido.

Fui el hombre

que se arrulló perdido

entre las sombras.

Fui una sombra a la sombra

de otras sombras.

Fui una sombra subalterna, nada más.

Nadie me recuerda.

No me recuerdan

los bambúes de antes

cuando entre sus calles húmedas

me escondí tantas veces

quizás huyendo de mí mismo,

quizás huyendo del hombre que sería.

Dios no se acuerda ya de mí.

Yo, también, de mí, no me acuerdo.

Bajo el sol de éste tiempo,

al medio día,

se alarga una sombra

y yo sigo sin esquivar caminos

junto a esa sombra olvidada.

Soy la sombra olvidada.

Soy  deidad de humo sin paraíso propio.

Soy un extraño vaho

que por extraño

no tiene entrada libre al Cielo.

Vengo del olvido y voy al olvido.

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