CIERTAMENTE, HAS LLEGADO AL LUGAR CORRECTO

Muchos paisanos de bajos recursos económicos necesitan su ayuda. Cualquier tipo de ayuda, tanto econónica como de tipo educativo, es bienvenida.

Historia La Carrera

Corría la década de los cincuenta cuando algunos personajes, con gran capacidad de liderazgo y entrega por el progreso de la región, se dieron a la tarea de levantar, en este lugar, una nueva población. Proyecto que, a nuestro modo de ver, no revestiría mayor dificultad, pero si nos ponemos en las alpargatas de nuestros abuelos en aquellos años, no fueron pocos los obstáculos que tuvieron que superar.

Fue la finca de Don Marco Antonio Niño (única casa de habitación en el momento) el predio elegido por la providencia divina para tal fin.

Hombres y mujeres de empuje y empeño, sin más demora, emprendieron la obra. Don Faustino Moreno Hernández, como presidente de la junta, Pedro García, Cosme Tarazona, Miguel Ángel Díaz, Salvador Martínez y sus hermanos, entre otros, se empeñaron fuertemente, primero a construir sus viviendas para darle forma al pequeño caserío y luego, habiendo conseguido un lote estratégicamente ubicado y con el mismo amor con que levantaron sus casas, emprendieron la construcción de una majestuosa obra como fue el templo como una necesidad prioritaria de la comunidad.

Ya que por aquellos días la única construcción que se manejaba era la de la tapia pisada, debían, ellos, trasladarse a las afueras de donde sería el centro del pueblito, para recopilar la tierra que más pudieran para, de esta manera, proceder con las edificaciones.

Por no contar con los medios de comunicación y de contacto con otros pueblos y ni que decir con la ciudad, es de imaginarnos que en la construcción de las viviendas, ellos eran los arquitectos, ingenieros y obreros al mismo tiempo.

Su creatividad y sentido común les sirvieron para idearse sus propias casas y hacer un primer trazado de lo que sería su pueblo, caserío que por ahora sólo estaba en sus mentes.

No podemos decir, entonces, que estas edificaciones fueran lo mejor en diseño, pero eso sí, contaban con muy buenos espacios para albergar a propios a extraños y una que otra mascota infaltables en el hogar. Todo es grande y espacioso, de manera particular la cocina. Ésta debía ser lo suficientemente amplia para acoger a todos los integrantes de la familia, que en promedio eran unas doce personas, y además brindar acogida a los vecinos que llegaban para aportar su granito de arena en el desarrollo de los proyectos comunitarios.

La construcción del templo terminó aproximadamente en el año 1953. Edificado el recinto sagrado, se procedió a la construcción de la Inspección de policía, para poder así gestionar la creación legal del corregimiento. Habiendo trabajado materialmente, por darle identidad a su pueblo, también lo hicieron en todo lo que fuere menester ante las autoridades municipales. Y como todo lo que se hace con dedicación y entrega, este esfuerzo también tendría su recompensa, pues verían su sueño hecho realidad hacia el año de 1955, al ser nombrado corregimiento del municipio de Cáchira; siendo el señor Fulgencio Chávez, nombrado como primer Inspector del pueblo y cinco veredas aledañas. Cargo que desempeñaría durante varios años.

Y como no todo puede ser trabajo y el pueblo se había llenado de vida con la alegría de los niños y jóvenes, se vio la necesidad de tener un espacio apropiado para su sano esparcimiento. Fue así como se organizó entonces un convite en la comunidad y a punta de pico y pala se explanó el terreno ubicado frente a la casa cural; de esta manera se construyó la rústica pero apreciada cancha de tierra con dos piedras a cada lado sirviendo así de porterías (porterías movibles de por cierto) y unos magníficos tableros de madera. Este polideportivo sería el escenario por el que pasaran un buen par de generaciones. Y con toda propiedad se le puede llamar “polideportivo”, pues además del tradicional futbol, se practicaban también otros deportes: el baloncesto, se jugaba al trompo, al bolo, a la lleva, a “la turra”, al “estop” al congelado, al ponchado, al yerbis… y otra cantidad de juegos más que, como las modas, año tras año iban y venían.

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